Sunday, May 23, 2010

El Niño Borges: Descubrimiento del Infinito y las Distancias



Desde que leí el libro El Aleph, quedé fascinada con Borges y si hay un texto que disfruto de leer una y otra vez, es su descripción del Aleph, el punto que encierra todos los puntos, la primera letra del alfabeto sagrado.
¨¿Cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y las circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.) Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: La enumeración, si quiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia¨.
Es interesante notar que el Aleph del sótano había sido descubierto por el niño Carlos Argentino Daneri, y me pregunto si Borges habrá sido ese niño y si así imaginó el concepto de infinito cuando su abuela se lo explicó por primera vez.
En su entrevista con Stephen Cape y Daniel Bourne, Borges cuenta que su abuela de Junín –al Oeste del fin de la civilización- le hablaba de los indios Pampas, y que de hecho, su aritmética, tenía el siguiente principio: ella levantaba una mano y decía ¨Te enseñaré la matemática de los indios Pampas¨. 
¨No entenderé¨, respondía el niño Borges. 
¨Sí¨, decía la abuela, ¨mira mis manos, 1, 2, 3, 4, muchos¨. 
Notemos también que Borges contiene al Aleph en un espacio definido claramente, en un baúl, y le da una medida bastante precisa, como la restricción de los dedos de las manos:
¨El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño¨.
Así que el profesor Borges consideraba que el infinito se encerraba en las manos de su abuela, y que había notado en lo que los hombres de literatura llaman ¨los Pampas¨, que la gente apenas tiene la noción de las distancias, que no piensan en términos de millas, leguas.
Ante tal comentario, Daniel Bourne le dice que un amigo de él proveniente de Kentucky, le cuenta que los lugareños hablan de distancias en montañas, como ¨una montaña o dos más allá¨, resolución lógica para quienes viven en espacios abiertos y no cuentan con elementos físicos como unidad conceptual de medida.
A lo que el maestro, defensor de su idea de distancia matemática, responde, con su conocida sorna: ¨¿Realmente?. Qué extraño.¨
Para leer la entrevista completa, entre a este link

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Identifier:
1002215574719
Title:
El Niño Borges: Descubrimiento del Infinito y las Distancias

2 comments:

  1. Y es que la medida de las distancias es siempre una medida en referencia a algo, a otra cosa cuya media es conocida. A un estadio, por ejemplo, en la Grecia antigua. Se me ocurrió hace no mucho un pequeño texto, que publiqué en unos foros de Terra en Internet sobre como los griegos pudieran haber sabido que la Tierra era esférica, al navegar y medir la distancia en la que el horizonte desaparece en el mar, desde una altura conocida y fija (que puede ser pequeña), en un barco de vela, sobre el nivel del mar. Utilizando solo el teorema de Pitágoras para deducir el radio de la Tierra a partir de la medición de cuando la costa desaparece en el horizonte desde esa altura h sobre el nivel del mar. No encuentro ahora ese texto, pero como no sé como medían distancias precisas los griegos antiguos, se me ocurrió utilizar como unidad de medición un tronco de árbol delgado y recto cortado para tales efectos. Bastaba así con medir la distancia por Tierra a un islote de los que son tierra firme en marea baja e islote en alta, para midiendo después el tiempo por reloj de arena o pulso de las muñecas, en mar alta, poder deducir el radio de la Tierra (1), medido en troncos de árbol con una precisión que dependía de la constancia de la velocidad del barco (del viento) y del tamaño lo más pequeño posible de las olas, para no alterar la distancia h de observación de la desaparición del horizonte (de la costa) en la mar (en la Tierra no se puede por los accidentes orográficos, claro..).

    Nota: normalmente soy poco ingenioso y bastante tonto, así que no entiendo porqué ningún griego realizó dicho experimento que estimo podría dar el radio de la Tierra con poco más del 40 % de error, con buenas condiciones. Menos que el error que llevaba Cristóbal Colón cuando creía encontrar la Indias. Ese experimento se podría hacer hoy en día, de hecho, para probar si funciona.Quizás ha sido ya hecho.

    (1): Midiendo el tiempo por pulso o por reloj de arena, que se tarda en ver desaparecer la costa desde la altura h y esperando que ni las mareas ni las corrientes, ni el oleaje (porque h que es muy sensible) influyan demasiado. También se pudiera hacer en un lago grande más calmado que el mar.

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  2. Hola anónimo, estoy leyendo de a poco tus comentarios, van acá tres respuestas: ayer leía Under the Tuscan Sun, y la autora cuenta que en Italia, aún tienen reglas legales para los contratos de compra venta de propiedades, midiendo terrenos según las vueltas de los bueyes con el arado en los mismos. Son dimensiones abstractas pero útiles a los antiguos. Caperucita: sí, era la forma en que tenían los autores de encubrir sus críticas socio políticas, así que no me extraña el rojo. Fábulas: estoy leyendo otra vez las de Esopo, en inglés ahora, me encantan las fábulas.

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